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Los mejores comentarios de fersampa

Mensaje escrito por fersampa el 26/08/2018 12:55:06 pm - Puntaje: 9 
Fuerza Antonio

Mensaje escrito por fersampa el 17/08/2018 10:25:40 pm - Puntaje: 8 
Alfaktulu.....Leiste 3 historietas que te dijeron se llaman comics y ya te crees que sos el rey del mundo. El dandy creativo, descubridor de un nuevo universo escrito. El H.G.Welles de las historietas y solo sos un catador anal y oral de chotas, que opina bajo un seudónimo. No te mando a la mierda, porque esta al menos, sirve como abono.

Mensaje escrito por fersampa el 09/09/2018 10:58:49 pm - Puntaje: 7 
Grande Antonio!!!! Mucha Fuerza Maestro... Aliméntese bien y de a poco va a ir recuperando Fuerzas.VAMOS MAESTRO!!!!!

Mensaje escrito por fersampa el 06/11/2018 10:44:23 am - Puntaje: 7 
Acabo de terminar de ver la sexta temporada de House of Cards y me desepcionó mucho. Se no ta mucho la ausencia de Spacey y el guión entrecortado tanto temporal como dramáticamente, deja mucho que desear. Se abren muchas lineas dramáticas las cuales no se llegan a completar. En resúmen está hecha a las apuradas, mal editada y con un final que no es creíble y demasiado abierto para ser el fin de toda la serie . House of Cards es lo peor de netflix de este año... Volvé Spacey.

Mensaje escrito por fersampa el 23/11/2017 09:31:04 pm - Puntaje: 6 
GENIOOOOO axel7902 por dedicar tiempo libre para hacer estos subtítulos. LOS GRANDES TIPOS COMO VOS SON SUBDIVX desde ya muchísimas gracias

Mensaje escrito por fersampa el 14/08/2018 01:36:21 pm - Puntaje: 6 
LA mejor para vos Antonio, fuerza de seguro vas a salir de esta. Abz Maestro

Mensaje escrito por fersampa el 03/09/2018 03:26:21 pm - Puntaje: 6 
VAMOS AL!!!!! Recuperate pronto, fuerzas y come aunque no tengas hambre, asi no te debilitas. ABZ

Mensaje escrito por fersampa el 31/10/2018 12:49:09 am - Puntaje: 6 
Milagros Un cuento de: Fersampa OBISPADO DE LOMAS DE ZAMORA Iglesia de San Jorge MUNICIPALIDAD DE ALMIRATE BROWN En los días veintiséis de agosto, seis, dieciséis y veintiséis de septiembre y seis y dieciséis de octubre de mil novecientos setenta y seis. Mi persona acompañado, del Sr. Intendente, del Provisor del Obispado, del Párroco de La Iglesia de San Jorge y del Comisario de la seccional 14 y a petición de los vecinos interesados, hecho al referido párroco, se ha procedido a la investigación del árbol situado en la calle San Jorge entre las calles Tucumán y Bonacleto, en los días anteriormente citados. Por consiguiente se ha decidido: 1) Que no ha existido ninguna aparición, ni de la Santísima Virgen, ni del Arcángel San Miguel, ni de ningún otro personaje celestial. 2) Que no ha habido ninguna imagen de la Santísima Virgen, ni de San Jorge grabada en la corteza del árbol en cuestión. 3) Que no ha habido ningún mensaje. 4) Que el árbol no supura agua con características sanadoras de su corteza los días anteriormente citados, ni ningún otro día. 5) Que todos los hechos acaecidos en dicha localidad tienen explicación natural. 6) Por todos estos dichos se procederá a la quema y posterior tala, del árbol en cuestión, hasta que de este no quede nada que pueda comenzar una nueva idea de devoción cristiana mal interpretada. Al dar presente nota no podemos más que felicitar al Clero de la diócesis de San Jorge, que en todo momento y con filial obediencia han seguido las indicaciones de la jerarquía. Lamentamos que este ejemplo no haya sido seguido por otras personas que han sembrado con su imprudente conducta la confusión y la desconfianza hacia la jerarquía, impidiendo con una tremenda presión social que lo que había comenzado como un inocente juego de niñas pudieran desvanecerlo sus mismas autoras. Una vez más es bueno recordar que los verdaderos mensajes y milagros del cielo nos vienen a través de las palabras del Evangelio, de los Papas y Concilios y del Magisterio Ordinario de la Iglesia. Llavallol, Provincia de Bs. As. 24 de octubre de 1976 + DOMINGO BENCHELE OBISPO de Lomas de Zamora. El campanario de la Iglesia sonaba incesante anunciando la misa de las once del frío Domingo del seis de Julio de 1976. Los vecinos menos madrugadores se agolpaban en las escalinatas de la iglesia de San Jorge, esperando su turno para ingresar. Mientras tanto y tras el característico saludo al párroco, los vecinos que habían ingresado en la misa de las diez bajaban las escaleras de mármol con rumbos varios, muchos de ellos se quedaban en la entrada saludándose, mientras que otros simplemente se perdían entre las calles aledañas a la iglesia o entraban a desayunar en familia al bar del Gallego, ubicado frente a la iglesia, al lado de la comisaría 14. El grupo de chicos pertenecientes a los Boys Scouts, línea católica, se formaban a lo largo de la entrada a la iglesia, luciendo sus impecables uniformes color caquís lleno de insignias y sus diferentes estandartes con el nombre de la compañía a la cual pertenecían. Atrayendo las miradas de familiares, amigos y también de las chicas del barrio amantes de los uniformes. Dentro de este último grupo se encontraban las mellizas del millonario del pueblo Don Francisco López, Milagros y Judith, que con sus florecientes dieciséis años se adelantaban a sus padres para poder pasar frente a los muchachos, que firmes lucían sus impecables vestidos de dominicales y así arrancar las miradas de estos y porque no algunos silbidos por parte de los más osados, que casi siempre eran los mismos dos indisciplinados de siempre. Me refiero a Roberto y Nicolás Linás, hijos del humilde florista del barrio. Roberto de dieciséis años y Nicolás, un año menor que él, eran los piel de judas de su unidad. Siempre estaban metidos en algún lío, pero gracias a las generosas donaciones, generalmente de pan y facturas, que su padre hacía a la iglesia. A los muchachos solo se les llamaba la atención o se les confiscaban una que otra insignia, cosa que los hermanos lamentaban ya que nada les daba más bronca que el hecho de ser Scouts. Perder la tarde del sábado y la mañana del domingo dentro de los grandes campos de la iglesia haciendo nudos, limpiando las cuadrillas, armando chozas y escaleras en las copas de los árboles, misa obligatoria los domingos, etc, en vez de estar con sus amigos del barrio jugando a la pelota o simplemente haciendo huevos en la esquina, eran razones suficientes para querer tirar el uniforme a la basura. Judith miró de reojo a Roberto y al ver que este la estaba mirando bajo la vista no sin antes regalarle una sonrisa. Nicolás, el más osado de los dos, fue más allá del simple silbido y saliendo de la formación caminó hacia Milagros para pedirle un beso. Milagros levemente avergonzada acercó sus labios a la mejilla de Nicolás, pero el sonido del silbato del jefe de tropa seguido por la orden de no romper filas, la asustó. Ni lerdo ni perezoso el joven rápidamente le asestó un beso en los labios a Milagros antes de volver a la formación, lo que originó la ira del jefe, quien notó también el desliz del joven fue el padre de las mellizas quien con cara de pocos amigos, les ordenó a sus hijas que se vayan derechito para la casa y maldijo a Nicolás por su desfachatez. No contento con ello pidió mano dura al jefe del escuadrón para con el joven, que además de desvergonzado es hijo del don nadie floral del pueblo. El jefe del escuadrón, un temperamental hombre de treinta años, soltero y cuyo mayor logro en la vida fue el de llegar a ser jefe scout, salió de la formación para pararse frente a Nicolás y gritarle su falta de compromiso para con la iglesia y sus compañeros, no llego a concluir la frase, que Roberto en defensa de su hermano menor, le dio un empujón el cual lo hizo trastabillar hasta caer de culo al piso. Ante la risa de algunos de los presentes, los hermanos no llegaron a escuchar los gritos del hombre mientras era ayudado por el padre de las mellizas a levantarse del suelo, porque ya se habían echado a correr, no sin antes saludar a las mellizas quienes solo atinaron a sonreírles a los muchachos, presionadas por la atenta mirada de su padre y del abochornado jefe de escuadrón. Los hermanos fueron echados con deshonra de los Boys Scouts, para desconsuelo de sus padres, sin embargo se comenta en el barrio, que a escondidas de Don López, Nicolás está noviando con Milagros y Judith con Roberto. Las mellizas regresan a su casa del colegio, con un ramo de flores diferente, todos los días. FIN

Mensaje escrito por fersampa el 11/04/2018 12:24:25 am - Puntaje: 5 
No soy kirchnerista ni muchos menos, pero el gobierno de Macri acentúa día a día la pobreza al generar medidas de gobierno que relentizan y combaten el consumo, con la excusa de bajar la inflación. Un país que estanca su economía interna no solo no crece sino que genera pobreza y más inflación. Con este sistema solo ganan los empresarios quienes a un costo muy bajo de producción logran grandes dividendos haciendo durar más la materia prima que compran. No les interesa vender muchos productos o que cnsumas mucha energía, les conviene cuadruplicarte el precio de los que consumís aún cuando cuidas ese consumo. Poco y caro como dicen. Eso es Macri señores y si los k eran chorros y cristina una hija de puta, pero aún asi robando, con los impuestos y las retenciones, los subsidios y las tarifas planas de enrgía , que es una cagada porque pagabas poco un servivio que pocas veces tenías, emitiendo, etc etc. Aún así la gente consumía y había trabajo. Hoy se sigue emitinedo, se cobran más impuestos, no hay subsidios ni nadie que defienda al consumidor (las empresas hacen lo que quieren con nosotros) no se roba, etc, etc, etc. Sin embargo la plata no alcanza, la gente no consume, hay despidos,no se construye nada ni un jardín, se pide dinero prestado a raudales para pagar que? y la inflación nos hace mierda. Repito no vote ni votaré a los k, pero a Macri tampoco, hasta hora el país solo cambio para los de siempre los dueño del país el selecto grupo de empresarios que toma deuda para hacer millones y nos dejan la cuentas a pagar a nosotros. Ni si quiera es capitalismo, Macri es comunista y ortodoxo encima.

Mensaje escrito por fersampa el 28/08/2018 10:27:40 pm - Puntaje: 5 
IMPRESIONANTE.

Mensaje escrito por fersampa el 11/09/2018 12:57:34 pm - Puntaje: 5 
Excelente Peli, esperando por los subs.

Mensaje escrito por fersampa el 21/09/2018 11:08:28 pm - Puntaje: 5 
El Hombre que amaba los Perros de Leonardo Padura. RESÚMEN: En 2004, a la muerte de su mujer, Iván, aspirante a escritor y ahora responsable de un paupérrimo gabinete veterinario de La Habana, vuelve los ojos hacia un episodio de su vida, ocurrido en 1977, cuando conoció a un enigmático hombre que paseaba por la playa en compañía de dos hermosos galgos rusos. Tras varios encuentros, «el hombre que amaba a los perros» comenzó a hacerlo depositario de unas singulares confidencias que van centrándose en la figura del asesino de Trotski, Ramón Mercader, de quien sabe detalles muy íntimos. Gracias a esas confidencias, Iván puede reconstruir las trayectorias vitales de Liev Davídovich Bronstein, también llamado Trotski, y de Ramón Mercader, también conocido como Jacques Mornard, y cómo se convierten en víctima y verdugo de uno de los crímenes más reveladores del siglo xx. Desde el destierro impuesto por Stalin a Trotski en 1929 y el penoso periplo del exiliado, y desde la infancia de Mercader en la Barcelona burguesa, sus amores y peripecias durante la Guerra Civil, o más adelante en Moscú y París, las vidas de ambos se entrelazan hasta confluir en México. Ambas historias completan su sentido cuando sobre ellas proyecta Iván sus avatares vitales e intelectuales en la Cuba contemporánea y su destructiva relación con el hombre que amaba a los perros. EXCELENTE LIBRO. el mejor que leí este año. Con sus descripciones Padura logra que seas un partícipe en directo de la historia que estás leyendo, tanto, que te da la sensación de estar físicamente en cada uno de los lugares relatados..

Mensaje escrito por fersampa el 31/10/2018 12:27:24 pm - Puntaje: 5 
NADA PERSONAL Un cuento de: Fersampa. Como todos los martes llego a la esquina de Araoz y Beruti con mi libro de la semana bajo el brazo, esta vez es el turno de “A sus plantas rendido un león” del maestro Soriano, me siento en una de las mesas de madera que el bar “Purquá” tiene en la vereda. La moza se me acerca a penas me siento, con su acostumbrada sonrisa de publicidad de pasta dental y el ya clásico mini uniforme por el cual le asoman unos firmes y torneados muslos que invitan a algo más que una buena propina. Le hago el pedido de siempre, un café bien cargado y una botella de agua mineral sin gas, mientras le devuelvo la sonrisa tratando de que no se noten mis colmillos afilados de hombre inmaduro cercano a los cuarenta, sumergiéndome por completo a la lectura del libro. En eso estoy cuando una voz que me resulta familiar me interrumpe. - Fernando ¡NO LO PUEDO CREER! Fernando López... Levanto la cabeza con cara de pocos amigos, no hay nada que me desagrade más que ser interrumpido, y veo parado frente a mi de impecable traje negro, a Ricardo Muriarte, un antiguo compañero de la universidad y tal vez uno de los pocos sujetos que conozco que hacen de un encuentro casual un monólogo egocéntrico e interminable sobre su manera de ver la vida. Mientras me levanto dejo sobre la mesa el libro que no voy a poder empezar a leer y esbozo una falsa sonrisa en mi rostro mientras digo. - Ricardo, tanto tiempo... Ricardo me abraza como si fuera su mejor amigo y yo me dejo llevar hasta ahí respondiendo con unas leves palmadas en su espada, sin tener más remedio lo invito a compartir la mesa conmigo. - ¿Cuánto tiempo sin verte Fer? Creo que desde que te invité a mi casamiento. Por cierto ¿Porqué no viniste? - ¡Eeee! Tuve que salir de viaje, creo que te lo dije en su momento. - No, creo que no, sino hubiera ubicado tu silla, recuerdo que los chicos me dijieron que la mesa estuvo bastante aburrida sin vos. - Entonces se lo habré dicho a tu esposa, no lo recuerdo pasó mucho tiempo, igualmente te mandé el regalo. - Si un aparato de dvd, lo recuerdo y estuvo muy acertado vos sabés lo fanática que Paula es del cine. Pero bueno contame que es de tu vida, yo sigo en la publicidad, hace tres años me fui de lo de Agulla y puse mi propia agencia. Todavía me acuerdo de la cara de orto de Agulla cuando vio que me llevaba la cuenta de Telefónica. Al principio me quiso matar pero después... - Pagó para que lo hagan otros - interrumpí con ironía- - ¡Nooo¡ No, seas boludo, después quedo todo bien, tanto que hasta compartimos algunas cuentas. Se dio cuenta de que no era nada personal, solo negocios. Pero contame vos, ¿En qué andas? ¿Seguís en Garden o decidiste crecer y entrar en las grandes ligas? - En realidad dejé todo, puse un dvd club y me dediqué a escribir guiones. - ¿Guiones publicitarios? - No, guiones de lo que venga. - ¡Ahhh¡ que bueno, siempre fuiste muy creativo – dice Ricardo sin mucha convicción en su tono de voz y agrega - ¿y cómo te va? - Ni bien, ni mal, pero no me quejo, hago lo que me gusta. - Yo en cambio estoy por abrir una oficina en Brasil, el año pasado gané dos lápices de oro y eso me abrió puertas dentro del mercado latinoamericano. La verdad es que si sale todo como lo tengo planeado seguro que en dos años más llego a mi objetivo que es Europa. No sabés las oportunidades que hay allá para los creativos Argentinos... - ¿Pero vos no estabas en cuentas? - Si pero tengo un buen ojo para descubrir el talento. - ¡Ahhhh! Que bien, porque que yo recuerde, en la facu la creatividad te estaba nula. - Si, te acordas Fer.. Las veces que me has hecho zafar.... Pero siempre por un precio. - Como corresponde, las ideas no son gratis, vos lo sabés bien. - Si, pero cada vez cuestan menos... Bueno contame ¿Seguís soltero o ya diste el gran paso? - Salgo desde hace un tiempo con alguien, pero sigo invicto. - No cambias mas, sos el único tipo que conozco que le tiene alergia al anillo ¿o tal vez a las mujeres?. Tenés que sentar cabeza Fer – dice mientras me golpea afectuosamente el brazo - El casamiento te hace crecer, te cambia la vida. - ... La gran vidriera del gimnasio de pilates ubicada justo frente al bar, mostraba a un grupo de mujeres intentando mantener o recuperar su figura en unas cajas de madera que se parecen más a los instrumentos medievales de tortura que a aparatos de gimnasia, la atención de Ricardo estaba posada en esa gran vidriera. - Uno, dos, tres, cuatro. Tanta carne en movimiento lo ponen a uno bastante caliente y no es que sea un fisgón ni mucho menos, pero algunos cuerpos merecen verse, otros son un desastre ¿No? - No quiero hacer una apología de la belleza, ni mucho menos. Pero cada mujer que ejercita su cuerpo sea por la razón que sea, esta haciendo una diferencia y eso para mi es lo que las hace realmente sexys. - Puede ser Fer, pero convengamos que es más sexy la carne dura que la celulitis trabajada. Por ejemplo mira a esa de calzas rojas, tiene un culo que parece ser dueño de la ley de gravedad, no le puedo ver bien la cara, pero si esta lo bien que está su culo debe ser una perra infernal. Me sonrío y me lo quedo mirando, tardo en responderle, porque no tengo nada que decirle, tiene razón es un muy buen culo. Será que yo también pongo esa cara de pelotudo cuando veo una mina que me gusta, si es así deberé de rever mis facciones. La moza se acerca con mi pedido y lo deposita en la mesa, mientras Ricardo sigue mirando a la mujer de calzas rojas. - Llego mi café. ¿Querés pedir algo? Ricardo deja de mirar enfrente. Se sorprende al ver a la moza, puedo imaginarme por la cara de pajero que pone que sus papilas gustativas están saboreando cada curva del cuerpo de la chica. - Por... Por supuesto ¿Cómo te llamas? - Su pedido – Le responde sutilmente la moza. La expresión ganadora de Ricardo se hace trizas contra el muro anti-avances de la chica, pero aún así arremete contra ella. - Original tu nombre, traeme lo mismo pero con tu número de teléfono. - Lo primero enseguida, lo segundo va a tener que pedírselo al dueño del bar, que es mi novio – le responde la moza sin dejar de sonreír. - ¡Uyyy¡ Eso debe de doler – dije sin dejar de reírme – - Flaca, vos dame tu teléfono que yo me encargo de que tengas veinte bares así. La moza se lo queda mirando a Ricardo, quien le sigue la mirada, lo mira de arriba abajo hasta llegar a su bragueta, luego levanta su mirada directamente a sus ojos y le responde. - Por ahora me quedo con este bar que es más grande, tal vez en diez años quiera muchos bares más chicos. – y sin más se retira, contorneando sus muslos para que no dejemos de mirarla, hacia la puerta de entrada del bar - - Discúlpame Ricardo pero, no puedo evitar reírme. - Si, sí, muy gracioso. Debo de estar fuera de práctica, pero en fin, es ella la que se pierde un fin de semana en las playas del Brasil. - ¿Nada más? - Y que esperás, es una moza no una modelo... - ¿Cómo anda tu mujer? – Le pregunto para cambiar de tema – - Me divorcié hace ocho meses. - Uyyy loco disculpa, no sabía nada. - Todo bien lo mio con Paula estaba destinado al fracaso, eso sumado a que me emputecí con una pendeja de veintidós aspirante a actriz, apresuró la ruptura. Menos mal que no tuvimos chicos, sino hubiera sido más duro de llevar. - ¿Tanto te rompió la cabeza la pendeja? - Si no sabés es un avión, es como volver a los veinte de nuevo, es como estar en la universidad. - Bueno, bien, mejor para vos. ¿Y cómo andan las cosas con la pendeja? - Mal, me dejó hace dos meses por un pibe de su edad. - Perdón, no es por vos, pero parece que hoy no pego una. - No te preocupes – me responde serio, aunque yo no puedo dejar de sonreír – No tenías porque saberlo, además como dice mi analista el pasado fue, lo importante es el presente. Como el hecho de que nos hallamos encontrados, ves. Es una señal, estamos los dos solteros y podemos salir a romper la noche juntos como en los viejos tiempos ¿Te acordas? - Si me acuerdo, pero en esa época vos salías con Paula, nunca salimos de joda juntos, es más siempre que nos juntábamos con los chicos vos aparecías con ella. Con los pibes te decíamos “El Dominado”. ¿Te acordas? - No, la verdad es que no recuerdo, de lo que si me acuerdo es de cómo conocí a Paula. Estaba en tu grupo de estudios ¿No? - Si, era amiga mía, es más su grupo de amigas me dio de comer durante mucho tiempo. - Hasta que llegué yo... - No, nada que ver, cuando te integré al grupo de estudios, lo primero que hiciste fue lo imposible para salir con ella, mientras tanto yo seguía saliendo con sus amigas. - ¿Pero vos no estabas saliendo con ella? - No, nada que ver, éramos muy buenos amigos pero nada más. - Pero yo pensé que salían, como estaban siempre juntos. - Éramos como una pareja, pero sin sexo... No me digas que empezaste a salir con ella porque pensabas que salía conmigo – le di la primera respuesta que se me ocurrió ya que no quería ahondar demasiado en el tema. Para mis adentros siempre supe que Ricardo tomaba mi amistad como si fuera una competencia en la cual siempre tenía que ganarme, por el contrario yo nunca entré en esa es más esa fue la principal razón para que con el paso del tiempo dejara de verlo. - No, como podes pensar eso. - Yo solo digo lo que vos dejaste intuir. - ... En ese momento volvió a acercarse la moza, dejó el pedido de Ricardo sobre la mesa, ninguno de los dos la miramos siquiera, un largo silencio nos inundó a los tres Ricardo empezó a mirar nuevamente hacia el gimnasio, yo terminé el café que me quedaba en el pocillo, tratando de no reírme a carcajadas y la moza, como si nada hubiera pasado, acomodaba la botella y el pocillo de café humeante mientras retiraba el mio ya vacío y nos dejaba nuevamente solos. - ¡MIRÁ FER , MIRÁ! Ahí va de nuevo, cada vez que dobla el cuerpo en dos, entre flexión y flexión, sus nalgas se abren y encienden el color rojo de la calza. Como dice mi analista, mis ratones se están reproduciendo como nunca antes. - Lo que no se, es como carajo haces para ver con tanto detalle a esa distancia. - Es que mi vista es excelente, sobre todo cuando de buenos culos se trata. Hablando de culos. Ese culo me hace acordar al culo de Paula. ¡Que buen pavo! - Si en eso tenés razón, el culo de tu ex es una pera perfecta. - En realidad últimamente a todas las mujeres que veo le encuentro un parecido con Paula, la verdad, es que no me la puedo sacar de la cabeza. - ¿A la pendeja? – Le preguntó irónicamente – - No boludo, a mi mujer. - ¿Pero porque la dejaste? - No lo se... ya no era lo mismo, en el último tiempo, todo era una pelea, no compartíamos nada ni siquiera una película y eso que a ella le encantaba el cine. Varias veces sacó el tema de querer ser madre, pero yo quería esperar un poco más. Además en la cama ya no era la misma, por eso me enredé con la pendeja. - Seguro que cuando se enteró se te armó todo el quilombo. - No, eso fue lo más raro, a mi me dolió más que a ella. O por lo menos eso fue lo que me mostró, se la veía... Como decirte... - Contenida. - ¡Si eso! Contenida, esa es la palabra, pero no se porque. - Las mujeres son un bicho raro Ricardo, cuando pasan los treinta el reloj biológico se les viene encima y solo les interesa buscar un padre para sus hijos. - Es que con los pibes yo... La verdad es que no me veo como padre. - Claro que no te ves como padre, si seguís viéndote como hijo... - No te entiendo... - Lo que trato de decirte es que tu mujer era eso tu mujer, no tu madre. - Si, eso ya lo se... - ¿Estas seguro? - ¿Te acordas de lo buena que estaba en la facultad? Todos se la querían voltear, hasta vos, aunque ahora me lo niegues. Pero me la gané yo, todavía me acuerdo como todos me miraban ¡jejejeje! Con envidia. - ¿Era por eso que no la largabas nunca y estabas todo el día con ella? - Que decís, nada que ver. Si ella hacía lo que quería. Además, entre nos yo se que te la robe, Fernandito, igualmente no lo siento amigo, fueron cosas de la vida... Nada personal viste. Yo le di todo Fernandito, todo. - Si vos lo decís... - ¿QUÉ ACASO TE DIJO OTRA COSA? SI YO LE DÍ TODO, HASTA CON LA CASA SE QUEDÓ. - ... Ricardo, pasó mucho tiempo y pasaron muchas cosas. Yo solo opino por sobre lo que vos me decís. ¿Vos te escuchas cuando hablas?¿O solo oís lo que querés oir, lo que te conviene? - Nada que ver, Fernando... yo esa mujer le di todo, entendés. ¡TODO¡ y la primera vez que meto la pata... A la mierda con todo. - ¿Intentaste hablar con ella? - Si, mil veces pero no me daba ni la hora... hasta hoy. Que me llamó para que nos encontremos en este bar. - ¿En este bar? - Si, yo me adelante un poco porque salí antes de una reunión. Hoy puede ser mi oportunidad de volver a estar con ella. Le tengo que demostrar que no puedo vivir sin ella, que ella es todo para mí. - Y de saber si esta saliendo con alguien... - No, nada que ver. Me lo hubiera dicho. Ella es muy de la casa al trabajo y viceversa, la extraño. Pero a decir verdad la vida a su lado ya era aburrida. - ¡No te creo! ¿Aburrida? La Paula que yo conocía era muchas cosas, pero no aburrida. - Si como lo oís, aburrida. Si hasta en la cama era un embole, siempre le dolía la cabeza y cuando no, le ponía menos pasión que una larva. - ¡No te creo! - Si, boludo si mal no recuerdo las pocas veces que teníamos buen sexo era cuando me llamaba algo asi como “Nando” - ¿Nando? - Si, boludo Nando, te lo juro, el sexo era de terror salvo cuando me decía así. Pero vos que sabrás... si nunca estuviste en pareja. ¡VOS SOS VOS Y NADIE MÁS! - dijo Ricardo medio enfadado - - ... Puede que no sepa mucho de relaciones – dije hablando bien bajo par que se calme - Pero lo que si se, es que una mujer no es un objeto que compras y esperas a que te funcione para toda la vida. Un objeto que está, para cuando vos lo precisas. Tenés que ganártela todos los días y no dar por hecho de que siempre va estar con vos, los tiempos cambian, las personas cambian... - Vuelvo a repetirte que yo a Paula le di todo lo que una mujer puede desear, casa, coche, comodidades, dinero, todo... - Pero eso no te costo mucho ¿no?, si mal no recuerdo vos no venís de una familia pobre, además estás acostumbrado a tenerlo todo y de todo lo mejor ¿no?. - Y que tiene que ver el ser rico con nada... ¿Vos que sabés lo que es armar una familia? ¿Vos que sabés lo que es estar en pareja? ¿Vos que sabés lo que es amar? - Puede que tengas razón, aunque hace unos minutos intentaste levantarte a la moza... Pero por lo menos no intento comprarlo, prefiero estar solo a tener que comprar todo en la vida, además, el saber estar solo te da pie para poder valorarte, valorar a los demás y valorar lo que tenés. En cambio vos como no podés estar solo, y estás acostumbrado a comprarlo todo, en el entuerto rompes con todo lo que armas, terminas deseando lo que no podes tener. Comprando la amistad y el amor. Todo vuelve Ricardo, todo vuelve. Además seamos sinceros vos solo te amas a vos mismo. ¿No te dijo esto tu analista? Una hermosa mujer de unos treinta y tantos años se acerca por detrás de Fernando llevando una mochila sobre su espalda, su pelo rubio, mojado y atado con una colita, se balancea a uno y otro lado de su cabeza. Haciendo más angulosas y perfectas las facciones de su rostro, al verla, Ricardo, pasmado por su belleza, se para automáticamente de la mesa dejando caer torpemente al suelo la silla, en la cual estaba sentado y tartamudeando le dice. - ¡Pa! ¡Paula! Estas... ¿Cómo estás? Paula se aproxima a él, Ricardo busca con sus labios la cara de ella para darle un beso, pero Paula haciéndose a un lado, saca unos papeles de la mochila los cuales apoya sobre la mesa, mientras le dice. - Muy bien Ricardo, acá te dejo los papeles para que veas la oferta que te hago por el total de tus acciones en la agencia. Es una buena propuesta, yo te aconsejo que la aceptes, después de todo no te olvides que tengo el 55 porciento de las acciones. Llama mi abogado cuando te decidas, en la carpeta tenés su teléfono. Las facciones del rostro de Ricardo se contraen, dejando su boca completamente abierta y sin poder decir palabra alguna. Paula gira sobre si misma y dándole la espalda a Ricardo, se acerca hacia mi y tras inclinarse besa largamente mis labios, luego me dice casi en un susurro. - Mi amor, las calzas rojas que me regalaste me quedaron bárbaras, no sabés, las chicas se murieron de envidia. - ... Miro a Ricardo y noto que esta como poseído, mirándole el culo a Paula, no digo nada, solo sonrió mientras ella agrega. - Vamos Nando, que se nos hace tarde para ir al cine... Me levanto, Paula comienza a caminar hacia el auto, pero antes de irme me acerco a Ricardo quien sigue impávido y sin poder decir una palabra y con algo de revancha e ironía le digo. - Nada personal, Ricardito, cosas de la vida, además como ya te dije todo vuelve, Ricardito, todo vuelve. Acá te dejo la cuenta, me imagino que hoy, como siempre invitas vos. Y tras darle una pequeña palmada de ánimo en la espalda a Ricardo, me voy hacia el auto, donde me espera la única mujer de la cual estuve y estoy locamente enamorado. FIN
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Mensaje escrito por fersampa el 31/10/2018 08:09:10 pm - Puntaje: 5 
En esta noche futbolera, comparto un cuento del genial Eduardo Sacheri, el cual me tocó guionar, hace unos años. EL CUENTITO Autor Eduardo Sacheri. Yo lo miré a José, que estaba subido al techo del camión de Gonzalito. Pobre, tenía la desilusión pintada en el rostro, mientras en puntas de pie trataba de ver más allá del portón y de la ruta. Pero nada: solamente el camino de tierra y, al fondo, el ruido de los camiones. En ese momento se acercó el Bebé Grafo y, gastador como siempre, le gritó: ¡Che, Josesito!, ¿qué pasa que no viene el maestro? ¿Será que arrugó para evitarse el papelón, viejito?. Josesito dejó de mirar la ruta y trató de contestar algo ocurrente, pero la rabia y la impotencia lo lanzaron a un tartamudeo penoso. El otro se dio vuelta, con una sonrisa sobradora colgada en la mejilla, y se alejó moviendo la cabeza, como negando. Al fin, a Josesito se le destrabó la bronca en un concluyente ¡andálaputaqueteparió!, pero quedó momentáneamente exhausto por el esfuerzo. Ahí se dio vuelta a mirarme, como implorando una frase que le ordenara de nuevo el universo. Y ahora qué hacemos, decíme, me lanzó. Para Josesito, yo vengo a ser algo así como un oráculo pitonístico, una suerte de profeta infalible con facultades místicas. Tal vez, pobre, porque soy la única persona que conoce que fue a la facultad. Más por compasión que por convencimiento, le contesté con tono tranquilizador: Quedáte piola, Josesito, ya debe estar llegando. No muy satisfecho, volvió a mirar la ruta, murmurando algo sobre promesas incumplidas. Aproveché entonces para alejarme y reunirme con el resto de los muchachos. Estaban detrás de un arco, alguno vendándose, otro calzándose los botines, y un par haciendo jueguitos con una pelota medio ovalada. Menos brutos que Josesito, trataban de que no se les notaran los nervios. Pablo, mientras elongaba, me preguntó cómo al pasar: Che, Carlitos, ¿era seguro que venía, no? Mirá que después del barullo que armamos, si nos falla justo ahora.... Para no desmoralizar a la tropa, me hice el convencido cuando le contesté: Pero, muchachos, ¿no les dije que lo confirmé por teléfono con la madre de él, en Buenos Aires?. El Bebé Grafo se acercó de nuevo desde el arco que ocupaban ellos: Che, Carlos, ¿me querés decir para qué armaron semejante bardo, si al final tu amiguito ni siquiera va a aportar?. En ese momento saltó Cañito, que había terminado de atarse los cordones, y sin demasiado preámbulo lo mandó a la mierda. Pero el Bebé, cada vez más contento de nuestro nerviosismo, no le llevó el apunte y me siguió buscando a mí: En serio, Carlitos, me hiciste traer a los muchachos al divino botón, querido. Era más simple que me dijeras mirá, Bebé, no quiero que este año vuelvan a humillarnos como los últimos nueve años, así que mejor suspendemos el desafío. Y adoptando un tono intimista, me puso una mano en el hombro y, hablándome al oído, agregó: Dale, Carlitos, ¿en serio pensaste que nos íbamos a tragar que el punto ese iba a venirse desde Europa para jugar el desafío?. Más caliente por sus verdades que por sus exageraciones, le contesté de mal modo: Y decíme, Bebé, si no se lo tragaron, ¿para qué hicieron semejante quilombo para prohibirnos que lo pusiéramos?: que profesionales no sirven, que solamente con los que viven en el barrio. Según vos, ni yo que me mudé al Centro podría haber jugado. Habían sido arduas negociaciones, por cierto. El clásico se jugaba todos los años, para mediados de octubre, un año en cada barrio. Lo hacíamos desde pibes, desde los diez años. Una vuelta en mi casa, mi primo Ricardo, que vivía en el barrio de la Textil, se llenó la boca diciendo que ellos tenían un equipo invencible, con camisetas y todo. Por principio más que por convencimiento, salté ofendidísimo retrucándole que nosotros, los de acá, los de la placita, sí teníamos un equipo de novela. Sellar el desafío fue cuestión de segundos. El viejo de Pablo nos consiguió las camisetas a último momento. Eran marrones con vivos amarillos y verdes. Un asco, bah. Pero peor hubiese sido no tenerlas. Ese día ganamos 12 a 7 (a los diez años, uno no se preocupa tanto de apretar la salida y el mediocampo, y salen partidos más abiertos, con muchos goles). Tito metió ocho. No sabían cómo pararlo. Creo que fue el primer partido que Tito jugó por algo. A los catorce, se fue a probar al club y lo ficharon ahí nomás, al toque. Igual, siguió viniendo al desafío hasta los veinte, cuando se fue a jugar a Europa. Entonces se nos vino la noche. Nosotros éramos todos matungos, pero nos bastaba tirársela a Tito para que inventara algo y nos sacara del paso. A los dieciséis, cuando empezaron a ponerse piernas fuertes, convocamos a un referí de la Federación: el chino Takawara (era hijo de japoneses, pero para nosotros, y pese a sus protestas, era chino). Ricardo, que era el capitán de ellos, nos acusaba de coimeros: decía que ganábamos porque el chino andaba noviando con la hermana grande del Tanito, y que ella lo mandaba a bombear para nuestro lado. Algo de razón tal vez tendría, pero lo cierto es que, con Tito, éramos siempre banca. Cuando Tito se fue, la cosa se puso brava. Para colmo, al chino le salió un trabajo en Esquel y se fue a vivir allá (ya felizmente casado con la hermana del Tanito). Con árbitros menos sensibles a nuestras necesidades, y sin Tito para que la mandara guardar, empezamos a perder como yeguas. Yo me fui a vivir a la Capital, y algún otro se tomó también el buque, pero, para octubre, la cita siempre fue de fierro. Ahí me di cuenta del verdadero valor de mis amigos. Desde la partida de Tito, perdimos al hilo seis años, empatamos una vez, y perdimos otros tres consecutivos. Tuvimos que ser muy hombres para salir de la cancha año tras año con la canasta llena y estar siempre dispuestos a volver. Para colmo, para la época en que empezamos a perder, a algunos de nosotros, y también de ellos, se nos ocurrió llevar a las novias a hacer hinchada en los desafíos. Perder es terrible, pero perder con las minas mirando era intolerable. Por lo menos, hace cuatro años, y gracias a un incidente menor entre las nuestras y las de ellos, prohibimos de común acuerdo la presencia de mujeres en el público. Bah, directamente prohibimos el público. A mí se me ocurrió argüir que la presión de afuera hacía más duros los encontronazos y exacerbaba las pasiones más bajas de los protagonistas. Y ellos, con el agrande de sus victorias inapelables, nos dijeron que bueno, que de acuerdo, pero que al árbitro lo ponían ellos. Al final, acordamos hacer los partidos a puertas cerradas, y afrontamos la cuestión arbitral con un complejo sistema de elección de referís por ternas rotativas según el año, que aunque nos privó de ayudas interesantes, nos evitó bombeos innecesarios. Igual, seguimos perdiendo. El año pasado, tras una nueva humillación, los muchachos me pidieron que hiciera algo. No fueron muy explícitos, pero yo lo adiviné en sus caras. Por eso este año, cuando Tito me llamó para mi cumpleaños, me animé a pedirle la gauchada. Primero se mató de la risa de que le saliera con semejante cosa, pero, cuando le di las cifras finales de la estadística actualizada, se puso serio: 22 jugados, 10 ganados, 3 empatados, 9 perdidos. La conclusión era evidente: uno más y el colapso, la vergüenza, el oprobio sin límite de que los muertos esos nos empataran la estadística. Me dijo que lo llamara en tres días. Cuando volvimos a hablar me dijo que bueno, que no había problema, que le iba a decir a su vieja que fingiera un ataque al corazón para que lo dejaran venir desde Europa rapidito. Después ultimé los detalles con doña Hilda. Quedamos en hacerlo de canuto, por supuesto, porque si se enteraban allá de que venía a la Argentina, en plena temporada, para un desafío de barrio, se armaba la podrida. A mi primo Ricardo igual se lo dije. No quería que se armara el tole tole el mismo día del partido. Hice bien, porque estuvimos dos semanas que sí que no, hasta que al final aceptaron. No querían saber nada, pero bastó que el Tanito, en la última reunión, me murmurara a gritos un dejá, Carlos, son una manga de cagones. Ahí nomás el Bebé Grafo, calentón como siempre, agarró viaje y dijo que sí, que estaba bien, que como el año pasado, el sábado 23 a las diez en el sindicato, que él reservaba la cancha, que nos iban a romper el traste como siempre, etcétera. Ricardo trató de hacerlo callar para encontrar un resquicio que le permitiera seguir negociando. Pero fue inútil. La palabra estaba dada, y el Tanito y el Bebé se amenazaban mutuamente con las torturas futbolísticas más aterradoras, mientras yo sonreía con cara de monaguillo. Cuando el resto de los nuestros se enteró de la noticia, el plantel enfrentó la prueba con el optimismo rotundo que yo creía extinguido para siempre. El sábado a las nueve llegaron todos juntos en el camión de Gonzalito. El único que se retrasó un poco fue Alberto, el arquero, que como la mujer estaba empezando el trabajo de parto esa mañana, se demoró entre que la llevó a la clínica y pudo convencerla de que se quedara con la vieja de ella. Ellos llegaron al rato, y se fueron a cambiar detrás del arco que nosotros dejamos libre. Pero cuando faltaban diez minutos para la hora acordada, y Tito no daba señales de vida, se vino el Bebé por primera vez a buscar camorra. Por suerte, me avivé de hacerme el ofendido: le dije que el partido era a las diez y media y no a las diez, que qué se creía y que no jodiera. Lo miré al Tanito, que me cazó al vuelo y confirmó mi versión de los hechos. El Bebé negó una vez y otra, y lo llamó a Ricardo en su defensa. Por supuesto, Ricardo se nos vino al humo gritando que la hora era a las diez y que nos dejáramos de joder. Ante la complejidad que iba adquiriendo la cosa, con el Tanito juramos por nuestras madres y nuestros hijos, por Dios y por la Patria, que la hora era diez y media, que en el café habíamos dicho diez y media, y que por teléfono habíamos confirmado diez y media, y que todavía faltaba más de media hora para las diez y media, y que se dejaran de romper con pavadas. Ante semejantes exhibiciones de convicción patrióticoreligiosa, al final se fueron de nuevo a patear al otro arco, esperando que se hiciera la hora. Después, con el Tanito nos dimos ánimo mutuamente, tratando de persuadirnos de que un par de juramentos tirados al voleo no podían ser demasiado perjudiciales para nuestras familias y nuestra salvación eterna. Fue cuando lo mandé a Josesito a pararse arriba del camión, a ver si lo veía venir por el portón de la ruta, más por matar un poco la ansiedad que porque pensase seriamente en que fuese a venir. Es que para esa altura yo ya estaba convencido, en secreto, de que Tito nos había fallado. Había quedado en venir el viernes a la mañana, y en llamarme cuando llegara a lo de su vieja. El martes marchaba todo sobre ruedas. En la radio comentaron que Tito se venía para Buenos Aires por problemas familiares, después del partido que jugaba el miércoles por no sé qué copa. Pero el jueves, y también por la radio, me enteré de que su equipo, como había ganado, volvía a jugar el domingo, así que en el club le habían pedido que se quedara. Ese día hablé con doña Hilda, y me dijo que ella ya no podía hacer nada: si se suponía que estaba en terapia intensiva, no podía llamarlo para recordarle que tomara el avión del viernes. El viernes les prohibí en casa que tocaran el teléfono: Tito podía llamar en cualquier momento. Pero Tito no aportó. A la noche, en la radio confirmaron que Tito jugaba el domingo. No tuve ánimo ni para calentarme. Me ganó, en cambio, una tristeza infinita. En esos años, las veces que había venido Tito me había encantado comprobar que no se había engrupido ni por la plata ni por salir en los diarios. Se había casado con una tana, buena piba, y tenía dos chicos bárbaros. Yo le había arreglado la sucesión del viejo, sin cobrarle un mango, claro. Él siempre se acordaba de los cumpleaños y llamaba puntualmente. Cuando venía, se caía por mi casa con regalos, para mis viejos y mi mujer, como cualquiera de los muchachos. Por eso, porque yo nunca le había pedido nada, me dolía tanto que me hubiese fallado justo para el desafío. Esa noche decidí que, si después me llamaba para decirme que el partido de allá era demasiado importante y que por eso no había podido cumplir, yo le iba a decir que no se hiciera problema. Pero lo tenía decidido: chau, Tito, moríte en paz. Aunque no lo hiciera por mí, no podía cagar impunemente a todos los muchachos. No podía dejarnos así, que perdiéramos de nuevo y que nos empataran la estadística. Al fin y al cabo, en el primer desafío, cuando era un flaquito escuálido por el que nadie daba dos mangos, y que nos venía sobrando (porque en esa época jugábamos en la canchita del corralón, que era de seis y un arquero, yo igual le dije vení, pibe, jugá adelante, que sos chiquito y si sos ligero capaz que la embocás. Por eso me dolía tanto que se abriera, y porque cuando se fue a probar al club, como no se animaba a ir solo, fuimos con Pablo y el Tanito los cuatro, para que no se asustara. Porque él decía y yo para qué voy a ir, si no conozco a nadie adentro, si no tengo palanca, y yo que dale, que no seas boludo, que vamos todos juntos así te da menos miedo. Y ahí nos fuimos, y el pobre de Pablo se tuvo que bancar que el técnico de las inferiores le dijera a los cinco minutos ¡salí, perro, a qué carajo viniste!, y el Tanito y yo tuvimos que pararlo a Tito que quiso que nos fuéramos todos ahí mismo, y decirle que volviera que el tipo lo miraba seguido. Nosotros dos, con el Tanito, duramos un tiempo y pico, pero después nos cambiaron y el guanaco ese nos dijo ta bien, pibes, cualquier cosa les hago avisar por el flaquito aquel que juega de nueve, nos dijo señalándolo a Tito que seguía en la cancha. Pero no nos importó, porque eso quería decir que sí, que Tito entraba, que Tito se quedaba, y nos dio tanta alegría que hasta a Pablo se le pasó la calentura, primero porque Tito había entrado, y segundo porque, como yo andaba con las llaves de mi casa, en la playa de estacionamiento pudimos rayarle la puerta del rastrojero al infeliz del técnico. Y después, cuando le hicieron el primer contrato profesional, a los 18, y lo acostaron con los premios, lo acompañé yo a ver a un abogado de Agremiados y ya no lo madrugaron más, y cuando lo vendieron afuera yo todavía no estaba recibido, pero me banqué a pie firme la pelea con los gallegos que se lo vinieron a llevar, y siempre sin pedirle un mango. Ah, y con el Tanito, aparte, cuando nos encargamos de su vieja cuando el viejo, don Aldo, se murió y él estaba jugando en Alemania porque el Tanito, que seguía viviendo en el barrio, se encargó de que no le faltara nada, y que los muchachos se dieran una vuelta de vez en cuando para darle una mano con la pintura, cambiarle una bombita quemada, llamarle al atmosférico cuando se le tapara el pozo, qué sé yo, tantas cosas. Nunca lo hicimos por nada, nos bastó el orgullo de saberlo del barrio, de saberlo amigo, de ver de vez en cuando un gol suyo, de encontrarnos para las fiestas. Lo hicimos por ser amigos, y cuando él, medio emocionado, nos decía muchachos, cómo cuernos se lo puedo pagar, nosotros que no, que dejá de hinchar, que para qué somos amigos, y el único que se animaba a pedirle algo era Josesito, que lo miraba serio y le decía mirá, Tito, vos sabés que sos mi hermano, pero jamás de los jamases se te ocurra jugar en San Lorenzo, por más guita que te pongan no vayás, por lo que más quieras porque me muero de la rabia, entendeme, Tito, a cualquier otro sí, Tito, pero a San Lorenzo por Dios te pido no vayás ni muerto, Tito. Y Tito que no, que quedáte tranquilo, Josesito, aunque me paguen fortunas a San Lorenzo no voy por respeto a vos y a Huracán, te juro. Por eso me dolía tanto verlo justo a Josesito, defraudado, parado en puntas de pie sobre el techo del camión de reparto y a los otros probándolo a Alberto desde afuera del área, con las medias bajas, pateando sin ganas, y mirándome de vez en cuando de reojo, como buscando respuestas. Cuando se hicieron las diez y media, Ricardo y el Bebé se vinieron de nuevo al humo. Les salí al encuentro con Pablo y el Tanito para que los demás no escucharan. Es la hora, Carlos, me dijo Ricardo. Y a mí me pareció verle un brillo satisfecho en los ojos. ¿Lo juegan o nos lo dan derecho por ganado?, preguntó, procaz, el Bebé. El Tanito lo miró con furia, pero la impotencia y el desencanto lo disuadieron de putearlo. Andá ubicando a los tuyos, y llamálo al árbitro para el sorteo, le dije. Desde el mediocampo, le hice señas a Josesito de que se bajara del camión y se viniera para la cancha. Para colmo, pensé, jugábamos con uno menos. Éramos diez, y preferí jugar sin suplentes que llamar a algún extraño. En eso, ellos también eran de fierro. No jugaba nunca ninguno que no hubiese estado en los primeros desafíos. Cuando Adrián me avisó en la semana que no iba a poder jugar por el desgarro, le dije que no se hiciera problema. Hasta me alegré porque me evitaba decidir cuál de todos nosotros tendría que quedarse afuera. Tito me venía justo para completar los once. Para colmo, perdimos en el sorteo. Tuvimos que cambiar de arco. Hice señas a los muchachos de que se trajeran los bolsos para ponerlos en el que iba a ser el nuestro en el primer tiempo. Yo sabía que era una precaución innecesaria. Con ellos nos conocíamos desde hacía veinte años, pero me pareció oportuno darles a entender que, a nuestro criterio, eran una manga de potenciales delincuentes. Cuando me pasaron por el costado, cargados de bultos, Alejo y Damián, los mellizos que siempre jugaron de centrales, les recordé que se turnaran para pegarle al once de ellos, pero lo más lejos del área que fuera posible. Alejo me hizo una inclinación de cabeza y me dijo un quedáte pancho, Carlitos. En ese momento me acordé del partido de dos años antes. Iban 43 del segundo tiempo y en un centro a la olla, él y el tarado de su hermano se quedaron mirándose como vacas, como diciéndose saltá vos. El que saltó fue el petiso Galán, el ocho de ellos: un metro cincuenta y cinco, entre los dos mastodontes de uno noventa. Uno a cero y a cobrar. Espantoso. Cuando nos acomodamos, fuimos hasta el medio con Josesito para sacar. Con la tristeza que tenía, pensé, no me iba a tocar una pelota coherente en todo el partido. De diez lo tenía parado a Pablo. Si a los dieciséis el técnico aquél lo sacó por perro, a los treinta y cuatro, con pancita de casado antiguo, era todo menos un canto a la esperanza. El Bebé, muy respetuoso, le pidió permiso al árbitro para saludarnos antes del puntapié inicial (siempre había tenido la teoría de que olfear a los jueces le permitía luego hacerse perdonar un par de infracciones). Cuando nos tuvo a tiro, y con su mejor sonrisa, nos envenenó la vida con un pobres muchachos, cómo los cagó el Tito, qué bárbaro, y se alejó campante. Pero justo ahí, justo en ese momento, mientras yo le hablaba a Josesito y el árbitro levantaba el brazo y miraba a cada arquero para dar a entender que estaba todo en orden, y Alberto levantaba el brazo desde nuestro arco, me di cuenta de que pasaba algo. Porque el referí dio dos silbatazos cortitos, pero no para arrancar, sino para llamar la atención de Ricardo (que siempre es el arquero de ellos). Aunque lo tenía lejos, lo vi pálido, con la boca entreabierta, y empecé a sentir una especie de tumulto en los intestinos mientras temía que no fuera lo que yo pensaba que era, temía que lo que yo veía en las caras de ellos, ahí delante de mí, no fuese asombro, mezclado con bronca, mezclado con incredulidad que no fuese verdad que el Bebé estuviera dándose vuelta hacia Ricardo, como pidiendo ayuda que no fuera cierto que el otro siguiera con la vista clavada en un punto todavía lejano, todavía a la altura del portón de la ruta, todavía adivinando sin ver del todo a ese tipo lanzado a la carrera con un bolsito sobre el hombro gritando aguanten, aguanten que ya llego, aguanten que ya vine, y como en un sueño el Tanito gritando de la alegría, y llamándolo a Josesito, que vamos que acá llegó, carajo, que quién dijo que no venía, y los mellizos también empezando a gritar, que por fin, que qué nervios que nos hiciste comer, guacho, y yo empezando a caminar hacia el lateral, como un autómata entre canteros de margaritas, aún indeciso entre cruzarle la cara de un bife por los nervios y abrazarlo de contento, y Tito por fin saliendo del tumulto de los abrazos postergados, y viniendo hasta donde yo estaba plantado en el cuadradito de pasto en el que me había quedado como sin pilas, y mirándome sonriendo, avergonzado, como pidiéndome disculpas, como cuando le dije vení, pibe, jugá de nueve, capaz que la embocás y yo ya sin bronca, con la flojera de los nervios acumulados toda junta sobre los hombros, y él diciéndome perdoná, Carlos, me tuve que hacer llamar a la concentración por mi tía Juanita, pero conseguí pasaje para la noche, y llegué hace un rato, y perdonáme por los nervios que te hice chupar, te juro que no te lo hago más, Carlitos, perdonáme, y yo diciéndole calláte, boludo, calláte, con la garganta hecha un nudo, y abrazándolo para que no me viera los ojos, porque llorar, vaya y pase, pero llorar delante de los amigos jamás y el mundo haciendo click y volviendo a encastrar justito en su lugar, el cosmos desde el caos, los amigos cumpliendo, cerrando círculos abiertos en la eternidad, cuando uno tiene catorce y dice ta bien, te acompañamos, así no te da miedo. Como Tito llegó cambiado, tiró el bolso detrás del arco y se vino para el mediocampo, para sacar conmigo. Cuando le faltaban diez metros, le toqué el balón para que lo sintiera, para que se acostumbrara, para que no entrara frío (lo último que falta ahora, pensé, es que se nos lesione en el arranque). Se agachó un poquito, flexionando la zurda más que la diestra. Cuando le llegó la bola, la levantó diez centímetros, y la vino hamacando a esa altura del piso, con caricias suaves y rítmicas. Cuando llegó al medio, al lado mío, la empaló con la zurda y la dejó dormir un segundo en el hombro derecho. Enseguida se la sacudió con un movimiento breve del hombro, como quien espanta un mosquito, y la recibió con la zurda dando un paso atrás: la bola murió por fin a diez centímetros del botín derecho. Recién ahí levanté los ojos, y me encontré con el rostro desencajado del Bebé, que miraba sin querer creer, pero creyendo. El petiso Galán, parado de ocho, tenía cara de velorio a la madrugada. Ellos estaban mudos, como atontados. Ahí entendí que les habíamos ganado. Así. Sin jugar. Por fin, diez años después íbamos a ganarles. Los tipos estaban perdidos, casi con ganas de que terminara pronto ese suplicio chino. Cuando vi esos ademanes tensos, esos rostros ateridos que se miraban unos a otros ya sin esperanza, ya sin ilusión ninguna de poder escapar a su destino trágico, me di cuenta de que lo que venía era un trámite, un asunto concluido. Mientras el árbitro volvía a mirar a cada arquero, para iniciar de una vez por todas ese desafío memorable, Josesito, casi en puntas de pie junto a la raya del mediocampo, le sonrió al Bebé, que todavía lo miraba a Tito con algo de pudor y algo de pánico: ¿Y, viste, jodemil...? ¿No que no venía? ¿no que no?, mientras sacudía la cabeza hacia donde estaba Tito, como exhibiéndolo, como sacándole lustre, como diciéndole al rival moríte, moríte de envidia, infeliz. Pitó el arbitro y Tito me la tocó al pie. El petiso Galán se me vino al humo, pero devolví el pase justo a tiempo. Tito la recibió, la protegió poniendo el cuerpo, montándola apenas sobre el empeine derecho. El petiso se volvió hacia él como una tromba, y el Bebé trató de apretarlo del otro lado. Con dos trancos, salió entre medio de ambos. Levantó la cabeza, hizo la pausa, y después tocó suave, a ras del piso, en diagonal, a espaldas del seis de ellos, buscándolo a Gonzalito que arrancó bien habilitado. Fin

Mensaje escrito por fersampa el 04/02/2018 10:38:00 am - Puntaje: 4 
La terminé de ver ayer y es EXCELENTE!!!!!

Mensaje escrito por fersampa el 18/05/2018 11:11:50 am - Puntaje: 4 
Feliz Cumple Tabita hermosa Muchos Besos DIOSAAAAA

Mensaje escrito por fersampa el 23/08/2018 11:56:05 am - Puntaje: 4 
La versión gayfriendly de Robledo Puch que hizo el descerebrado de Luis La Felicidad Ortega, es técnicamente y actoralmente impecable. Pero no mostrar los hechos tal cual fueron, no es una cualidad, es temor, Ortega no debería de haber dirigido esa película, no tiene lo que se necesita para tratar esa clase de temas. No hay desarrollo del personaje, no se habla de su abuelo, un ex soldado alemán que le enseño a disparar ( no por nada mataba pegandole un tiro en la nuca a sus víctimas). Varias de las mujeres que el asesino, luego de ser violadas por su compañero, sufrieron serias vejaciones en su sexo, mordiscos y puñaladas. Aún así varias de estas muertes se le asignaron años después al Sátiro de san isidro, quién en ese momento no se encontraba en Bs AS. En conclusion, su padre salvó a Charly García de la autodestrucción y el hijo quiere salvar a Robledo Puch, contando la historia que a él le parece que es y comparándose con el asesino, en la incomprención y repudio a la sociedad. Luis Ortega, admití tu putez ante papá y mamá y dejate de joder y de defender asesinos, culote terriblemente roto.

Mensaje escrito por fersampa el 16/09/2018 10:23:21 pm - Puntaje: 4 
Le falta sangre, mucha más sangre,pero entretiene. El problema es que la warner decidió copoducir con china y el cine chino al igual que el hindú no muestra ni sexo, ni besos, ni sangre. Por lo que el megalodón parece hervívoro o no mastica. La salva el capo de Statham. Pero podría haber sido un peliculón ya que la novela en la que se basa es muy buena. Quedan tres novelas más, veremos que hacen con las secuelas.

Mensaje escrito por fersampa el 30/10/2018 11:04:55 pm - Puntaje: 4 
EN EL AIRE Un cuento de Fersampa “Son las tres de la mañana y en la ciudad Buenos Aires la noche continúa fría. La temperatura no tiene intenciones de subir, al menos hasta el lunes... En FM DESEO damos comienzo a la hora de las brujas, con un clásico de Joe Coker... You can live your head on”. El Locutor corre el micrófono de su boca, levanta su mano con un cigarrillo apagado entre sus dedos y se lo muestra al Operador, quien asiente con la cabeza. Se coloca el abrigo y sale al pasillo de la emisora, camina unos pasos hasta la puerta de blindex, la abre. Una brisa fría le congela los huesos, aún así cierra la puerta tras de sí, coloca el cigarrillo en su boca y lo enciende. La primer bocanada de humo la aspira y disfruta como si la estuviera esperando por horas, las que le siguen solo son parte del vicio. Apoyado en la baranda del séptimo piso mira a través del hueco de los dos edificios contiguos la calle, iluminada por grandes faroles apostados a lo largo de la vereda. Le gusta la tranquilidad y la oscuridad de la noche, por eso aceptó encantado años atrás el trabajo de Locutor nocturno, aunque esta decisión le costó el amor de su concubina, quién cansada de los horarios tan distintos de sus trabajos, mañana y noche, decidió dejarlo al año de no poder compartir la misma cama los días de semana. Ahora, dos años más tarde, ella se casó con su antiguo jefe y amante, ambos viven en una hermosa casa en uno de esos countries en Pilar, donde espera su primer bebé. A él la separación no lo afectó demasiado, porque después de más de tres años de convivencia y un par de infidelidades, estaba seguro de que ella no era la mujer para él. Pero como no sabía como dejarla, esperó hasta que ella le dijo basta. La noche se volvía más fría y su cuerpo comenzó a sentir la baja temperatura, por lo que le pegó una última pitada al cigarrillo y lo lanzó por el balcón. Su brazo derecho se extendió para agarrar la perilla de la puerta cuando notó que se hizo la luz en uno de los departamentos del edificio vecino. Las cortinas del departamento estaban abiertas de par en par dejando ver a través de la ventana a una joven y hermosa mujer, de unos veintitantos años, envuelta en una bata blanca, la cual deja caer, quedando completamente desnuda de espaldas a él. La piel brilla en contraste con la luz y el marrón claro constante a lo largo del cuerpo, denuncia más de una sesión de cama solar para evitar la palidez del invierno. Él no corre su mirada, la afina, sobre el largo pelo rubio mojado que descansa sobre la espalda, siguiendo las líneas del cuerpo cual laberinto sensual, hasta dar con dos generosos cachetes redondeados y de firme consistencia. Asemejando mentalmente, las nalgas de la joven, con una pera perfecta. La joven abre el placard y comienza a buscar algo en su interior, abre uno de los cajones, por lo que debe agacharse, y comienza a hurgar en el. Sus piernas alineadas con los muslos, dejan entrever, por debajo de la vulva, un diminuto haz de luz que se cuela entre ellas. Conformando una simetría diabólicamente erótica, la cual asemeja a un sensual cucurucho cuya base sostiene la más deseada de las cremas heladas. Ella gira sobre su cuerpo y se queda mirando de frente a su espía, quien lejos de sentirse intimidado al ser descubierto, mantiene la mirada firme en el cuerpo de la joven. Los senos, medianos y firmemente redondeados dejan ver unas pequeñas y oscuras aureolas, las cuales contienen pequeños y erectos pezones, que instintivamente salivan la boca del joven voyeur. La mirada baja a través del cuerpo, deteniéndose en el pubis, donde le llama la atención un pequeño triángulo, del mismo color de sus cabellos, delicadamente recortado con el vértice hacia abajo, señalando la hendidura genital. Formando una flecha que señala el camino del placer. La joven responde a su único espectador con una sonrisa y le muestra lo que tiene en una de sus manos, una diminuta tanga color blanca. El joven le responde con otra sonrisa cómplice y ella comienza a rozar la prenda por su cuerpo, primero el torso, luego sus muslos y piernas hasta llegar a uno de sus pies, por donde comienza a colocársela lentamente, primero un pie, luego el otro. El color oscuro de la piel se diferencia notablemente del blanco de la prenda, haciendo que esta última brille cual diamante en bruto ante los ojos del joven. La joven sigue subiendo la tanga integrándola a su cuerpo, hasta que esta hace tope con su vulva, ocultando su hermosa desnudez. Luego baja lentamente las manos, rozando los muslos, hasta llegar a la entrepierna en donde con sus dedos comienza a masajear circularmente la tela blanca que ahora cubre su sexo. El joven se olvida por completo del frío, ya que su cuerpo expele calor por si solo ante el show que esta presenciando. A pesar de los diez metros que los separan a uno del otro, la vista es perfecta. La joven comienza a subir, lentamente, sus manos a lo largo del cuerpo, acariciándolo, hasta que llegar a los senos, los cuales rodea. Y comienza a jugar con ellos apretándolos y acariciándolos mientras con los ojos entrecerrados, lleva uno de sus dedos dentro de su boca, en donde lo lame una y otra vez con su lengua, acariciando parte sus labios entre lamidas. El joven nota como su pene, busca una salida dentro de su jean, razón por la cual con una de sus manos baja su cremallera y hurga en su interior buscando acomodarlo, porque el dolor que le genera la terrible erección de su pene contra el jean ya es inaguantable. La joven nota el movimiento del joven he inmediatamente las facciones de su rostro se endurecen. Sin perder tiempo y completamente fuera de sí agarra la bata, que minutos antes había tirado al suelo y cubre su cuerpo desnudo al mismo tiempo que cierra las cortinas de la ventana y apaga la luz. El Locutor, se queda pasmado, no puede creer que acaba de suceder, no encuentra explicación alguna para lo que acaba de presenciar. Solo el grito del Operador llamándolo al aire lo despierta de su atontamiento. Sin perder tiempo, abre la puerta de Blindex, entra rápidamente a la cabina de locución, toma asiento en el sillón y acerca el micrófono a su boca. La luz roja sobre el cartelito que dice EN EL AIRE se enciende. - “Son las tres y media de la mañana y en la ciudad de Buenos Aires la noche continúa cálida. La temperatura no tiene intenciones de bajar, al menos hasta el lunes... En FM DESEO, pasada la hora de las brujas, seguimos con un clásico de Dave Matheus Band... Too Much.” Fin
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Mensaje escrito por fersampa el 31/10/2018 12:20:49 pm - Puntaje: 4 
Muy bueno chuckmont. Con un estilo poético y barrial, nos adentraste en el mundo que nadie quiere ver, ni vivir.